Cómo controlar la ansiedad

 

La ansiedad moderada es un fenómeno normal que experimentamos cuando nos encontramos en una situación de peligro real o preocupados por una situación concreta. Esta activación o sensación de ansiedad leve o moderada hace que estemos alerta ante la situación y nos orienta a buscar soluciones.

Ahora bien, cuando el acontecimiento ansioso ya ha sucedido o no existe, es decir, no identificamos un peligro o preocupación real por el que preocuparnos o sentir miedo, es posible que nos encontremos ante un Trastorno de Ansiedad.

 

Hay dos tipos de síntomas en el trastorno de ansiedad:

  • Físicos: Sudoración, palpitaciones, mareos, vómitos, tensión muscular, rigidez, adormecimiento, etc.
  • Cognitivos: Pensamientos y sensaciones de pérdida de control, miedo a volverse loco, pensamientos recurrentes de no ser capaz,etc.

Cuando no conseguimos controlar la ansiedad, poco a poco la ansiedad se va apoderando de más espacios y ámbitos en nuestra vida, llegando a hacer que nuestro día a día sea difícil de llevar o afrontándolo con sumo sufrimiento. Afortunadamente la ansiedad es algo que puede llegar a controlar aprendiendo a identificarla y con técnicas que se centren en el control de la activación física y el manejo de los síntomas cognitivos o pensamientos. Para poder superarla adjuntamos un enlace con varios consejos para controlar la ansiedad que creemos que es una buena guía con explicaciones sencillas y prácticas. Puedes verlo pinchando AQUÍ.

¿ Por qué hablar de emociones a nuestros hijos?

 

En nuestro día a día es habitual escuchar como un papá o una mamá le pregunta a su hijo "hoy, ¿ qué has hecho en el cole?, ¿ con qué amigos has jugado?, ¿ has comido bien?" pero menos común es escuchar a un papá o una mamá preguntando a su hijo " Cariño, ¿ cómo te sientes?".

Y es que los padres no acostumbramos a hablar con nuestros hijos de emociones.

Quienes somos padres podemos identificar perfectamente en nuestros hijos las emociones básicas: un niño expresa perfectamente la alegría, la tristeza, el enfado, miedo y asco. Pero, ¿ sabe explicar por qué se ha enfadado? ¿ Sabe expresarnos por qué está triste? ¿ hablamos con ellos de emociones?

 

Estudios recientes han podido demostrar que los niños que hablan regularmente de emociones con sus padres tienen menos problemas de conducta, mayores habilidades sociales, más autoestima, y mejor relación con sus padres y entorno.

 

Entonces, ¿ cómo podemos ayudar a nuestros hijos a hablar de emociones?:

  • Dando ejemplo. Es habitual que cuando los padres estamos tristes o enfadados pensemos que " es mejor que mi hijo no me vea llorar" y ocultamos así, una emoción natural. Esto es un error. No pasa nada por hablar con nuestro hijo de lo que nos pasa, siempre adaptando nuestro lenguaje y lo que contamos a la edad del niño  " hoy estoy triste porque no me ha gustado el día que he tenido" o " hoy estoy enfadada porque he discutido con un compañero de trabajo". Solo si nosotros compartimos con ellos nuestras emociones conseguiremos que compartan ellos con nosotros las suyas .
  • A través del juego simbólico o el teatro. Cuando jugamos con nuestros hijos a, por ejemplo, papás y mamás, podemos asignarle una emoción a cada personaje y hablar de ellas.
  • Viendo películas y comentando después el argumento y las emociones de cada personaje. Nuestra favorita es " Del revés".

 

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Pautas para comunicar la separación a nuestros hijos

 

Hoy en día, muchas parejas con hijos deciden separarse, y cómo comunicar esta noticia es algo que genera mucha ansiedad a los padres. Cierto es que para los hijos supondrá un cambio importante, pero la manera que tengamos de comunicar la noticia hará que el impacto emocional en ellos sea mayor o menor..

A continuación exponemos una serie de aspectos a tener en cuenta a la hora de dar la noticia:

 

  • La decisión de la separación deberá de comunicarse en el momento adecuado, en un espacio libre de interrupciones que facilite la comunicación y de la oportunidad al niño de hacer las preguntas que estime necesarias. Si hay más de dos hijos y las diferencias de edad son importantes, quizá sea más adecuado comunicar la noticia a cada niño por separado. Dependiendo de cada edad, necesitarán más o menos explicaciones asi como más o menos tiempo de dedicación para aclarar dudas.
  • Debe de comunicarsela noticia de forma conjunta (los dos miembros de la pareja juntos y a la vez) y con una única versión, teniendo en cuenta la edad del niño, sin culpables ni responsables ya que esto puede afectar a la imagen que tenga el niño sobre sus progenitores.
  • No transmitir la noticia como una tragedia ni presentar a uno de los padres como la víctima y al otro como el culpable.
  • Se debe prestar especial atención a la explicación que se le de sobre el motivo de la ruptura. No se recomienda dar la explicación de que " mamá y papá ya no se quieren como antes" porque el niño puede creer que el amor es algo inseguro y puede temer que en el futuro se le deje de querer a él. En la mayoría de los casos es suficiente con decir que " papá y mamá no se entienden en cosas importantes".
  • Uno de los sentimientos más frecuentes en los niños cuyos padres se separan es la culpa, sobretodo en los niños que han presenciado múltiples discusiones. Aclarar que el motivo de la separación no es por culpa suya.
  • No generar falsas expectativas sobre una posible reconciliación.

A partir del momento de la separación es importante que el niño no se sienta motivo de discusión entre los padres por ninguna causa (no ponerse de acuerdo en vacaciones, días de fiestas, horarios, etc.). Si no hubiera acuerdo, se ha de discutir siempre sin que el niño esté delante. Aunque los padres estén separados, el niño ha de sentirse en un entorno siempre seguro sin discusiones ni tensiones.

No hacer preguntas ni interrogar al niño acerca del tiempo pasado con el otro (si estaba solo, con algún amigo especial, etc.). No utilizar al niño para "investigaciones". Si se necesita saber algo, preguntar directamente a la otra parte.

No hablar mal del padre o de la madre en presencia del niño. Para los hijos, sus papás son sagrados, y que se hable mal de ellos causa un daño profundo que ni ellos mismos pueden expresar.

 

Blog - Fallos en la comunicación de pareja.

El lenguaje en el ser humano es, sin duda, uno de los sistemas más eficaces para resolver conflictos y una de las fuentes de gratificación más significativas para el ser humano. Sin embargo, el lenguaje es, a la vez, un arma de ataque que puede convertirse en precursor y mantenedor de problemas. Tanto lo que se dice como lo que no se dice y cómo se dice pueden incrementar o generar una situación conflictiva.

De hecho, la investigación ha detectado que existen diferencias importantes entre la comunicación de parejas “no problemáticas” y de parejas “problemáticas”. Estos son unos ejemplos de los fallos en la comunicación de las “parejas problemáticas”:

1-    Perciben los mensajes emitidos por el otro de forma menos positiva. Un observador “neutral” tiende a valorar los mensajes que se transmiten los miembros de la pareja de forma menos negativa que como los valoran ellos mismos.

2-    Muestran mayor tasa de conductas no verbales negativas (ej, muecas agresivas, postural corporal tensa, gesticulación inadecuada, etc)

3-    Presentan mayor numero de conductas verbales negativas como el sarcasmo, burlas, quejas, tono alto de voz, críticas, etc.

4-    Están más pendientes de lo que ellos mismos dicen que lo que les dice el otro. No escuchan en un porcentaje elevado de tiempo que se supone se están comunicando, sino que preparan su réplica en vez de escuchar al otro.

5-    Reinterpretan los mensajes de modo no objetivo.

6-    Presentan formas muy inadecuadas de expresar sentimientos negativos.

 

Normas básicas para una correcta emisión de un mensaje

 

1.    Utilizar el “yo” (primera persona) en cualquier afirmación u opinión. Con esta norma se intenta evitar que las personas recurran a instancias mayores para expresar una idea o sentimiento. Las afirmaciónes impersonales suelen ocultar deseos personales que no sabemos expresar correctamente y favorecen los malentendidos:

 

NO : “Es de mala educación no esperar a las personas”

SI : “ Me ha molestado que no me esperases, me hubiera gustado mucho encontrarte allí”

 

2.    No hacer generalizaciones vagas.  Formular de forma directa y abierta las peticiones. Con ello luchamos con la idea irracional de muchas parejas disfuncionales que creen que el otro “debería adivinar” lo que uno quiere o necesita:

 

NO: “¡Vas a lo tuyo!”

SI: “ ¿ Podríamos pasar este rato juntos?”

 

3.    Evitar el “siempre” y el “nunca”. En primer lugar, porque rara vez la expresión hace justicia a la realidad. Uno no es siempre un desastre o nunca es puntual. En segundo lugar, se utilizan estos adverbios con la intención de enfatizar lo que viene después, pero el interlocutor sobre lo que reacciona (seguramente a la defensiva), es sobre ese nunca o siempre.

 

NO: “ siempre dejas todo tirado”

SI: “No me gusta que dejes la toalla encima de la cama”

 

4.    Usar fundamentalmente el “aquí y ahora”, es decir, evitar sacar conflictos o problemas de algún hecho pasado. En las parejas disfuncionales ante cualquier discusión se incrementa la tentación de utilizar el “baúl de los agravios” que lo único que consigue es hacer un gran daño a la pareja y no solucionan ningún conflicto.

 

NO: “ Ni en mi primer embarazo fuiste capaz de acompañarme al ginecólogo!”

SI: “No me gusta que no me acompañes al ginecólogo, me gustaría vinieras conmigo”

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Blog - ¿ Qué es el vaginismo?

Los problemas sexuales son unos de los motivos de más consultas en las consultas de psicología. En concreto, el vaginismo, es un trastorno muy frecuente que con pocas sesiones tiene una eficacia casi del 100 %. Pero veamos qué es. Se entiende por vaginismo la contración involuntaria de las paredes de la vagina, imposibilitando así la penetración, o consiguiéndola de una manera muy dolorosa y no placentera. Muchas mujeres optan por dejar de practicar sexo debido al dolor físico y emocional que causan los encuentros sexuales. El origen del vaginismo puede ser debido a una primera relación sexual muy dolorosa, a un miedo muy intenso al embarazo o a una concepción muy culposa del sexo. Una vez que se inicia, el miedo al dolor hace que la propia tensión refuerce la contracción vaginal entrando en un círculo vicioso que dificilmente puede superarse sin ayuda de un profesional.

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